sábado, 20 de outubro de 2007


Ahora lo que más me interesa, más que hacer su voluntad, es que él me dé las palabras. Y no sólo para escribir aquí ni para escribir en general, sino también constantemente para hablar con los demás, para darme a entender, para no equivocarme fatalmente.

Temo haber pasado o estar pasando por una pérdida del estado de gracia. Lo último que se me ocurrió antes de sumergirme en el egoísmo era una continuación de mi teoría sobre el episodio del pecado original. Decía yo antes que el origen de todas las desgracias está en distinguir entre el bien y el mal, que Adán y Eva son expulsados del Paraíso precisamente cuando comen del árbol que les enseña la moral, la distinción entre el bien y el mal.

Pues bien: he ido más allá: no es sólo que empiecen sus desgracias ahí, sino que Dios les había prohibido entre todo lo prohibible precisamente eso: aprender a distinguir entre el bien y el mal. Y no sólo eso: quien les enseña la moral es el enemigo, la serpiente. Y entonces paso a intervenir yo, y no sólo a llamar la atención sobre lo que dice el Génesis: por más que la serpiente nos prometiera que seríamos como dioses, Dios no ha comido tampoco del árbol de la ciencia, Dios no distingue entre el bien y el mal. Es ajeno a toda moral, y si bien yo comparto en lo básico la moral cristiana, y creo en la mansedumbre y en la magnificencia sin límite y en el amor desinteresado como ideales de bondad, también creo que el ideal de la bondad está en no juzgar y en no impartir justicia, pues la justicia y la moral sirven las más de las veces más para hacer daño que para aumentar la felicidad del mundo.

El perdón y el amor son ideales cristianos superiores a la justicia, y en la bondad auténtica, a la que aspiro y que sé que Dios posee sin límite, no son necesarias ni la justicia ni la moral. Es más: son impedimentos para la bondad. Ésta no pregunta qué es bueno y qué malo, ni quién es bueno ni quién es malo. Llámalo bondad, amor, caridad, solidaridad o generosidad. La cosa es que desea lo mejor para todos, dándole exactamente igual si son o han sido buenos, malos o regulares.

Por eso rechazo toda ley: porque el amor no obedece leyes, porque también la libertad es parte esencial de la bondad. Acaso me escudo en estas ideas para hacer siempre lo que quiero. ¿Y qué? ¿Qué hay de malo en ser libre? Creo en la felicidad interminable de todos los seres vivientes, y en la vida sin fin, y no creo en este mundo prosaico que nos quieren meter por los ojos y los oídos. Concedo el mismo grado de existencia a la fantasía que a la realidad, y a lo que otros llaman ser realista yo lo llamo ser miope.

El poder de la fe es infinitamente superior que el de la razón, que el de la mal llamada razón. La justicia es una trampa, y toda la esperanza está en el perdón.

7 comentários:

♦♦♦sol♦de♦soles♦♦♦ disse...

Te felicito por este blog tan especial, tan hermoso...Y si, el Perdón y el Amor lo cambian todo.
Mis besos de sol y más besooos para el inspirador de todos, el Sr. Jesucristo.

Sakkarah disse...

Es cierto que el amor no obedece a leyes, está por encima de ellas.

No deberíamos de juzgar a nadie. Es imposible estar dentro del otro para poder saber por que obra de una forma u otra.

Un beso.

Sandra Dantas disse...

"La cosa es que desea lo mejor para todos, dándole exactamente igual si son o han sido buenos, malos o regulares." Acredito profundamente nisto!!! É por isso que, às vezes me chateio, pois a justiça é humana e, como humana que sou, gostaria que algumas pessoas fossem "castigadas"... Mas... O meu Deus é Amor e só sabe Amar!!!

Sandra Dantas disse...

Que distraída sou...
Obrigada Amor por mais esta bela reflexão!

Beijos, ;)!

Amor disse...

miles de gracias, os agradezco de corazón

un beso

santi

willoughby disse...

Espectacular!

Felicito-te pela ideia que encerra nesta imagem que nos trazes!
Parabéns!:)

lágrimas de mar disse...

mi amor, no sabía que habías publicado aquí, lo acabo de ver,
me encanta todo lo que dices, sobre todo la parte de Adan y Eva en el paraiso...me encantaría ser tu Eva, pero tu ya lo sabes.
te quiero

lágrimas de mar